Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Empiezo a olvidar

A cada paso que doy te voy evocando,
mas, te estoy olvidando.
Mientras más lejos el tiempo se lleva tu recuerdo,
más hondo se hace el vacío de tu ausencia.

Me asusta olvidar cómo era tenerte cerca.
Poco a poco, va palideciendo mi recuerdo de tu voz,
tus palabras, tu mirada.
Empiezo a acostumbrarme a no verte, a no tenerte, a estar sin ti.

Son tantos los momentos del día, de la noche en los que me faltas.
Descubro tras tu partida, ese sentimiento desgarrador,
que solo padecemos ante las cenizas del amado.
Se me hace extraña la vida sin ti.

Tu y yo, por tantos años juntos,
y apenas, ha pasado el tiempo desde que no estas,
desde que no eres, desde que te has ido para siempre
y tu presencia ya se difumina en mi memoria.

Así, cual zarpazo,
me fue arrebatada tu vida.

Después de tantos años de compartirlo todo,
descubro una mañana, tu lado vacío de la cama.
Oh Dios, que difícil está siendo volver a caminar sola,
aprender a vivir sin ti,
a seguir adelante, sin mi compañero de viaje.

¿Por qué lloras mujer?
No ves que por quien lloras ya no es de este mundo.

Esperada compañía

Viendo la vida pasar a través de tu ventana,
tiempo de vida difuminado detrás del cristal,
yéndose tan lenta y suavemente
que ni se percibe, ni se presiente,
tan silenciosamente:
sin ni un soplido, ni un gemido,
ni un latido
de algún corazón roto.

Ha pasado tan sinuosamente,
que hasta sus huellas no son
detectables al segundo,
lo hace igualmente despacio
agazapado en nuestra piel,
en nuestros músculos, en nuestros huesos…

¿Quién realmente lo nota?
Es aquel que desde hace unos pocos días
ha dejado de caminar,
su voz se pierde,
ya no le apetece comer,
deja de beber
y ya está, eso es, se acabó,
es el final.

Ahora, detrás de sus párpados,
se oculta otra dimensión,
otro universo,
otro plano energético,
conocido por los cuánticos.
En ese espacio de sueños y fantasías,
estan esperándonos,
unos seres maravillosos y muy queridos
que nos amaron mientras vivíeron.

También se habla de unos seres de luz,
pero eso ya es otra historia.

¡Qué descansada vida…

Fray Luis de León (1527-1591)

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido,
y sigue la escondida senda
por donde han ido
los pocos sabios
que en el mundo han sido!

He leído por ahí, que Fray Luis se refería
con el «sendero» al conocimiento intuitivo de Dios,
el camino de la sabiduría divina,
allí donde nada de lo que sucede en el mundo
puede afectarnos.

Los»pocos sabios» acceden a la felicidad divina.