Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Días iguales

Asomado a la ventana
entorbada la mirada
sobre el paisaje de tejados
de viejas casas,
de gentes que ni conoce,
que ni siquiera sabe
si todavía viven,
o murieron hace ya tiempo.

Puede que solo sea
su percepción del ocioso pasar de las horas,
que le parecen iguales los martes, jueves o domingos,
casi iguales al ayer
como al antes de ayer.

Sentía que esa atonía que le aquejaba
le venía de fuera hacia adentro,
como si sus días se hubiesen vaciado de sentido,
y el paso de la vida se hubiera hecho demasiado lento
para entusiasmarle.

¿Sería una depresión lo suyo,
o una parálisis emocional lisa y llanamente?
¿Y si sus ojos fueran ciegos ante lo que miran?
Entonces surge la pregunta:
¿Qué hay del asombro?
¿Cómo cambiar la mirada?

Le preocupaba su desidia,
y el languidecer de sus tardes.

Solo sabía que de si mismo dependía
salir de ello.
Nadie vendría a rescatarle,
nadie sabía que se hundía,
nadie sabía de su llanto,
nadie sabía de su frustración.

¿Pues qué hacer entonces?
¿Cómo recuperar la ilusión del mañana?
Recuperar la fe en el mañana,
que cada día trae un nuevo sol
para todos.


¿Fantasmas?

Hace unos días descubrí que Gabriel García Marquez escribía que «la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla» y también me he informado que este Premio Nobel es uno de los máximos representantes del realismo mágico. Obras donde se encuentra un contenido con elementos fantásticos o mágicos que son percibidos como reales por sus personajes.

Este inciso viene a cuento de la historia que  a continuación voy a contarles: Jorge, uno de mis queridos familiares me contó que la otra noche mientras dormía, se despertó de repente y al abrir los ojos vio al lado de su cama a una persona de pie, mirándole, cubierta como por una manta y que por la misma oscuridad no consiguió ver si era un hombre o una mujer. La imagen permaneció así quieta mientras mi amigo estaba paralizado. Pasados unos segundos de estupor, escuchó a su perro ladrar y cuando quiso levantarse de la cama, la figura se desvaneció al instante. Todavía algo aturdido y conteniendo la respiración, se lanzó escaleras abajo, descalzo y apenas cubierto por una camiseta, a pesar de la oscuridad, enseguida vio que la puerta de casa estaba abierta de par en par y fue entonces que sintió un extraño frío que le recorría todo el cuerpo, soplaba fuerte el viento y agitaba las ramas de los árboles con fuerza. Cuando su perro se le acercó dejó de ladrar, pero él todavía temblaba de escalofrío sin poderlo evitar.

De no ser porque conozco a Jorge y se que él no es hombre fantasioso ni sugestionable, he creído real su historia y os la cuento para conocer vuestra opinión: ¿Sería algún tipo de aparición? ¿Algún aviso premonitorio? O simplemente, fue parte de un sueño.

Futuro de una anacoreta

Casi tocándose las soledades,
tan semejantes en la distancia,
la tuya entre cuatro paredes
y la mía, en un cuarto con vistas,
vistas a mi intemperie.

Está callada la noche… y yo,
sumergida en mi encierro habitual.
Algunas penas nunca se van,
se enquistan por dentro.

¿Por qué solo la tristeza da sentido a mi vida?
¿Será verdad que la alegría
es solo para los soñadores?

Busco en el silencio,
en esa quietud tan parecida al olvido,
las razones de mi soledad
a este desdén del destino.

¿Cuántos años llevo encaramada,
oteando el futuro con mirada pedigueña
añorando tantas fantasías?

Quisiste ser parte de este mundo,
pero de largo se pasó
y en ti no se fijó.

Tal vez tu biografía de anacoreta
no calificaba.

¿Cuántos esfuerzos inútiles
por ser parte de un mundo al revés?

Siempre en la cuerda floja
bailando entre lo precario a la plegaria.

Mas hoy,
la anacoreta que eres,
caminará sobre el sembrado de aquellos grandes
que bien cosecharon antes que tu.

Fresno divino

¿Habéis oído hablar de la escondida senda
de los pocos sabios que en el mundo han sido?

¿Y de algunos seres excepcionales
cuyo paso es ignorado por el resto de este mundo?

De ahí el misterio del fresno,
del que apenas sabemos nada.

Mucho menos de su leyenda,
como creador del primer hombre
y primera mujer.
Además de sus antepasados ligados al olmo.

Crece cerca de las riberas de los ríos,
y entre las montañas
leñosos testigos de su esplendor.

Y de qué los Vikingos los reconocían
como pilares de sus nueve mundos en el Valhalla.

A la sombra de este portentoso prodigio,
vengo y lo descubro en su sosegado ocaso
entre azarosas primaveras.

Fieles todas las fuerzas estelares
reverberan su magnificencia.

Longevo y fuerte,
resiste a décadas de torridez,
e implacables plagas.
Capaz de dejarse doblar
docilmente por las tempestades
sin quebrarse jamás.

Hallándome bajo las copas de su majestuosidad
llegan hasta mi legendarias hazañas
de las naves hechas de su noble madera:
combadas por su flexibilidad
y milagrosamente impermeables,
salvando tantas vidas de la muerte.

Y de talismanes esculpidos
con su ilustre madera
protegiendo en los mares a sus portadores.

Ni que decir del poder curativo de sus hojas,
contra increíbles males.

Porque sépase que el gran Fresno
es el único ejemplar
encargado de conservar
la vida y el equilibrio,
con la suficiente flexibilidad,
para que ninguna adversidad
de este mundo,
lo quiebre, mientras exista,
en tiempos de Dios.