Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Días iguales

Asomado a la ventana
entorbada la mirada
sobre el paisaje de tejados
de viejas casas,
de gentes que ni conoce,
que ni siquiera sabe
si todavía viven,
o murieron hace ya tiempo.

Puede que solo sea
su percepción del ocioso pasar de las horas,
que le parecen iguales los martes, jueves o domingos,
casi iguales al ayer
como al antes de ayer.

Sentía que esa atonía que le aquejaba
le venía de fuera hacia adentro,
como si sus días se hubiesen vaciado de sentido,
y el paso de la vida se hubiera hecho demasiado lento
para entusiasmarle.

¿Sería una depresión lo suyo,
o una parálisis emocional lisa y llanamente?
¿Y si sus ojos fueran ciegos ante lo que miran?
Entonces surge la pregunta:
¿Qué hay del asombro?
¿Cómo cambiar la mirada?

Le preocupaba su desidia,
y el languidecer de sus tardes.

Solo sabía que de si mismo dependía
salir de ello.
Nadie vendría a rescatarle,
nadie sabía que se hundía,
nadie sabía de su llanto,
nadie sabía de su frustración.

¿Pues qué hacer entonces?
¿Cómo recuperar la ilusión del mañana?
Recuperar la fe en el mañana,
que cada día trae un nuevo sol
para todos.


Justicia divina

A través de la ventana entornada
veía asomarse tímido aún,
el solcito que de a poquito llegaba.

Prometía un lindo día de sol,
suficientemente templado
para muchos corazones.

Pero no para aquellos que iban desconcertados,
con mil porqués en el alma:
desconociendo por qué así, y no asá?
Por qué para otros sí y para mi no?

Fresca el agua que lava mi cara:
que lava mis lágrimas
lloradas por ti;
porque has caído,
porque te han vencido.

Se que tu vida no es lo que tu querías,
esta muy lejos de lo que deseabas,
ni que decir de lo que soñabas.

Y es que tus sueños fueron robados,
una noche de despiste que te sorprendieron soñando
al aire libre, a corazón abierto.

Y estando así tan desnudo y desprotegido,
pasó por tu lado uno de tantos ladrones de sueños,
y su poderosa mirada envidiosa no lo pudo evitar
y se apoderó de tus sueños.

A partir de ese día tus sueños eran meros castillos en el aire,
vanos e inexistentes,
pero tu no lo sabías.

Qué consuelo:
existen múltiples penalidades
para aquellos robadores de sueños,
más tarde o más temprano,
les esperan las penas del infierno,
aunque ya de nada sirva a quienes fueron sus víctimas.

Quizás los mejores años de sus vidas se perdieron,
persiguiendo sueños que ya no les pertenecían.
Pasarán años hasta comprender que no los tenían,
ya no eran suyos, aunque en su día lo fueron.

Y muchos diréis, ¡pero que injusto es éso!
Pues por eso mismo nos parece injusta la vida, no?

Pero no todo es tan cruel e ingrato para quien fue robado:
existe una guardía infinita de seres de luz,
que continuamente patrullan entre los desencantados de la vida,
para rescatarles, sanarles y reanimarles
y devolverles la ilusión.

Y bueno, estos guardianes permanecen siempre atentos
a quienes van a corazón abierto y con la mirada alzada
hacia el alto celeste,
esperando su bendición.

Entre ellos se cuentan:
millones de seres que nunca dejaron
de creer en ellos mismos;
en ese algo especial que llevaban dentro,
y que un buen día,
hará blooom, florecerán las ilusiones
y volverán a soñar como cuando eran niños.

La justicia divina siempre acaba llegando.