Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Días iguales

Asomado a la ventana
entorbada la mirada
sobre el paisaje de tejados
de viejas casas,
de gentes que ni conoce,
que ni siquiera sabe
si todavía viven,
o murieron hace ya tiempo.

Puede que solo sea
su percepción del ocioso pasar de las horas,
que le parecen iguales los martes, jueves o domingos,
casi iguales al ayer
como al antes de ayer.

Sentía que esa atonía que le aquejaba
le venía de fuera hacia adentro,
como si sus días se hubiesen vaciado de sentido,
y el paso de la vida se hubiera hecho demasiado lento
para entusiasmarle.

¿Sería una depresión lo suyo,
o una parálisis emocional lisa y llanamente?
¿Y si sus ojos fueran ciegos ante lo que miran?
Entonces surge la pregunta:
¿Qué hay del asombro?
¿Cómo cambiar la mirada?

Le preocupaba su desidia,
y el languidecer de sus tardes.

Solo sabía que de si mismo dependía
salir de ello.
Nadie vendría a rescatarle,
nadie sabía que se hundía,
nadie sabía de su llanto,
nadie sabía de su frustración.

¿Pues qué hacer entonces?
¿Cómo recuperar la ilusión del mañana?
Recuperar la fe en el mañana,
que cada día trae un nuevo sol
para todos.


Rendido corazón (33)

Cuando supo que Dios y poesía eran una misma cosa,
fue lo mismo que hallar la inmortalidad en su camino
y ya nunca más la muerte le preocuparía.

Liberaba toda esa energía que bullía por dentro,
desde entonces no había dejado ni un solo día de escribir.

Una noche descansando del cansancio de un largo día de escritura,
y sintiéndose cálidamente arropada entre suaves nubes de algodón,
vino el dulce sueño a cerrar sus ojos hasta dormirla profundamente.

Sumida como estaba entre la finitud y lo eterno,
 su respiración se fue haciendo cada vez más pausada,
cada vez más breve y cada vez más lenta.

Se hizo tan pausada, tan breve y tan lenta
que ni siquiera se dio cuenta de que se moría.

Al disiparse la noche y llegar la mañana, ella no despertó,
la luz de ese nuevo día, ella ya no vio.

Su rendido corazón, se hallaba ya latiendo en lo más alto del celeste universo,
en el edén de los poetas,
el último lar de las almas intérpretes de los dioses.

Reflexiones a medianoche

Nostalgias del ayer
duermen en mi piel
y me despierto amándote
hasta en el recuerdo.

Cuánto lamento hay
en todo lo que siento.

¿Por qué siempre queremos dar
cuando ese otro ya no está?
¿Cómo volver a mirarme
en esos ojos que me amaron?
¿Cómo volver a sentir
el calor de esa mano que se fue?
¿Cómo volver a besar esos labios
que ya no están?

Qué no daría yo
por volver a abrazarte.
Qué inmensa es la soledad
del que evoca
en su mente inundada
del ayer.

Toda una vida detrás
y el lecho eterno de la noche
esperando al otro lado de los años.

Para quienes ya llevamos la vida detrás
se sosiegan los días y se duermen las horas.
Fondeadas allá lejos
resuenan nuestras viejas melodías,
evocando esa felicidad con sabor a pasado.

¿Adónde se han ido todos los que amamos?
¿Dónde está todo lo que hemos vivido?
¿Dónde esta todo lo que hemos tenido?

¿Y acaso alguna vez algo de todo éso nos perteneció?
¿O toda nuestra vida entera ha sido una pura ilusión?

Recapacitando

En religioso silencio va mi alma
bien fondeada en mi nadir
subiendo la cuesta de los sesenta tacos.

Si me ves, si me miras
hazlo con amor por favor.
Mi mirada ya no soporta el desdén,
la indiferencia.
Es doloroso.

Invisibles mis pasos al mundo
se han hecho para los demás,
ya somos muchos supongo.

Cuando casi no importa
si voy o vengo,
si me fui o llegué,
o nunca volví,
solo tu me aguardas.

He seguido el consejo
más común del mundo:
conócete a ti mismo
sabrás quién eres
y tu propósito de vida.

Aún era temprano cuando apartaste
del cielo la mirada
y los llamados de tu alma
que tu soberbia juventud,
desoyó.

Mas el tiempo remueve rescoldos
que resurgen de las cenizas.
Viejas heridas nunca cerradas.

Ahora que ya no eres aquella
atrevidvirltó ser una niña.

Ahora que tantos de tus amados faltan
y sientes el vacío bajo tus pies,
es hora de recapacitar:
atraer la magia del universo
y confesarte a ti misma,
qué has hecho con la vida
que te ha tocado vivir.