Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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¡Ay… el tiempo!

¡Ay … el tiempo!
Quién te atrapara.
In-atrapable,
escurridizo entre las horas,
hacia atrás, hacia atrás,
hacia el ayer sin retorno.

¿Cómo sujetarte?
¿Cómo detenerte?
En las horas más felices.

Insobornable – implacable,
cuando el fin se acerca,
el negro vacío nos abraza,
mas nada te detiene.

Sordo – mudo,
sin entrañas,
tu eres muerte.

Tu piedad solo alcanza,
al que roto clama pidiendo morir.

Y das la paz al fin …
a quienes ya descansan
en ese lejano añil,
llamado más allá.


Memorias de una viuda (41)

Fue así como llegó la soledad a su vida,
cogiendo a su marido por sorpresa,
y disfrazada de una gripe sin importancia,
colándose en su cuarto una mañana de sol cualquiera,
y ya no volvió a salir. 

Se fue apoderando de su espacio,
de su tiempo, de sus horas;
adueñándose de su mirada,
y así, de forma imperceptible se fue quedando,
en todo su cuerpo y en su organismo.

A los pocos días,
su preciosa vida abandonó su pecho,
el aire se hizo espeso, denso
y casi irrespirable.

Son tantos los vacíos que su partida dejó,
tantos los espacios sin la luz que se llevó,
de rincones muertos sin la vida que le dio;
que desde entonces es su ausencia
que todo lo habita.  

¿Qué es aquello que nos vacía por dentro
cuando un ser querido desaparece
y nada de este mundo puede rescatarlo de su evanescencia?


Transida de dolor e incapaz de levantar la mirada, 
la sonrisa sepultada por semanas,
hasta un soleado día se tiñe de gris.

En sus últimos días se recuerda ahora,
de lo muy ocupada que estuvo
en los cuidados que día a día a él le procuraba,
que no supo advertir la luz que de su vida se retiraba.

Lo más evidente ahora, es el brillo de sus ojos
que lentamente le iba dejando,
mientras enmudecía su voz,
y prácticamente solo su espíritu
yacía en su lecho.

Todavía su lado frío vacío de la cama
estremece de escalofríos.

A pesar del tiempo pasado,
ella no puede evitarlo,
remembranzas sombrías recorren su mente.

Pesarosos pensamientos atenazan su corazón.


Y no para de preguntarse:
si hallarían pronto la luz sus párpados al cerrarse.

Cierra los ojos

Bajo la mirada, cierro los ojos,
no quiero ver más por hoy.

Quiero ignorar todo lo que duele a la vista, 
incomoda, inquieta, hasta  espanta.

Mientras cierro los ojos imagino un mundo diferente;
donde las cosas tienen un orden amoroso. 

No hablo de un mundo perfecto,
sería demasiado aburrido.
Hablo de un mundo bien avenido,
armónico, compasivo, sin guerras. 
Donde no existiera el hambre, ni la miseria. 

Si la hierba crece de noche,
por qué no imaginar que la noche misma
repara todos los desarreglos del día.

Repara todas las injusticias cometidas.
Y los más grandes sueños
de las almas más nobles
se cumplen. 

Mientras cierro los ojos el mundo se detiene
y en el mismo instante que dura un suspiro,
el mundo es feliz.