Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Una mala nube

Y la mala nube llegó.  
Nada hacía presagiar su llegada,
estaba feliz con el arribo de su gente querida,
tantos años residiendo lejos de ella
y aunque tímido el sol que asomaba esa mañana,
solo encuentros felices auguraba.

Tan campante salió al aeropuerto vestida de luces,
a juego con su sonrisa.
 El momento de la llegada fue emocionante,
 hasta lágrimas hubo y abrazos cargados de cariño.
Ya en el coche durante el trayecto hasta casa,
se hablaban atropelladamente queriendo decirse tantas y tantas cosas.
 Aquel encuentro fue tan bonito que será difícil de olvidar.

En medio de ese clima tan familiar y entrañable de los días que vinieron,
¿acaso podría ella haber imaginado o sospechado que una mala nube se cernía sobre si?   Imposible, no había lugar para malos augurios.

Pasadas unas dos semanas desde este feliz acontecimiento,
le fue diagnosticado un cáncer linfático en grado 4.
Y a partir de ahí, todo,
absolutamente todo se desmoronó a su alrededor.

 La magia se rompió y la mala nube la alcanzó.
 
Toda su gente querida se le acercó y comenzaron a desvivirse en cariño y atenciones.
Acompañándola cada dia en esos eternos
e interminables meses de quimioterapia.

********

Pasó la mala nube
y ahora cuando ella echa la vista atrás,
seis años después,
ella, uno de los poquísimos sobrevivientes de un cáncer,
plenamente consciente de que una fuerza divina la salvó,
suele caminar por la vida levantando la mirada al cielo
cada vez que se recuerda que la vida es un regalo.

Corona

Ese hado que presuroso viene
a despojarme de las vencidas hojas de mi seno
a dejarme a pechos descubiertos;
turgente belleza pasada ante espejos enamorados,
ajenos a la edad de los cielos,
veloz e inmisericorde.

Libre ya de los ímpetus de joven,
tiempo que me llevas
¿a qué viene ahora tanta prisa?
Durante años dejaste a mi belleza
a su antojo pavonearse

Hermosa silueta mía alejándose de la aurora
te acercas a mi marchitez.

Tristemente hora es
de dar paso al ocaso
que porta mi corona de nieves cana.



.

Recapacitando

En religioso silencio va mi alma
bien fondeada en mi nadir
subiendo la cuesta de los sesenta tacos.

Si me ves, si me miras
hazlo con amor por favor.
Mi mirada ya no soporta el desdén,
la indiferencia.
Es doloroso.

Invisibles mis pasos al mundo
se han hecho para los demás,
ya somos muchos supongo.

Cuando casi no importa
si voy o vengo,
si me fui o llegué,
o nunca volví,
solo tu me aguardas.

He seguido el consejo
más común del mundo:
conócete a ti mismo
sabrás quién eres
y tu propósito de vida.

Aún era temprano cuando apartaste
del cielo la mirada
y los llamados de tu alma
que tu soberbia juventud,
desoyó.

Mas el tiempo remueve rescoldos
que resurgen de las cenizas.
Viejas heridas nunca cerradas.

Ahora que ya no eres aquella
atrevidvirltó ser una niña.

Ahora que tantos de tus amados faltan
y sientes el vacío bajo tus pies,
es hora de recapacitar:
atraer la magia del universo
y confesarte a ti misma,
qué has hecho con la vida
que te ha tocado vivir.