Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Vikingo vs. cromañón

Que razón tenía mi madre cuando nos decía:
no salgáis ni a la puerta de casa sin estar arregladas. 
Ella era de las que pensaba, que en cualquier esquina
podríamos cruzarnos con nuestro príncipe azul.

Su consejo, más que para mi, iba dirigido a mi hermana,
que salía vestida a la calle como se le cantaba. 
Le importaba un pimiento el qué dirán,
y no se cambiaba, ni aún sabiendo que se
encontraría con el mismísimo rey.   
Ella era la rebelde de la casa,
lo que en realidad odiaba, era pensar en qué ponerse.

Siempre se río de esta absurda idea de nuestra madre
y claro, nunca la tomó en serio. 

Esta anécdota, viene a cuento de mi encontronazo
con un bellezón rubio esta mañana.
  Me hallaba bajando del coche las bolsas de la compra,
cuando justo salía de la puerta del vecino un auténtico vikingo.
Altísimo, de impactantes ojos azules,
de melena rubia dorada. 
Vamos, salido de la gran pantalla seguro.

Me he quedado como un pasmarote, con las dos bolsas,
una en cada mano, sin atinar más que a decir,
un tímido y bajito: buenos días.

Y me pregunté ¿qué hacía Chris Hemsworth (marido de la Pataki)
en casa de mi vecino? 
Claramente podría venir a ser su doble.

Luego, más tarde, le volví a ver entrando
en casa del cromañón de mi vecino.
Que por contraste, luce unas largas y horribles rastas,
cogidas todas en un moño aún más horrible,
dándole un aspecto de cavernario.

En cualquier caso, enseguida deduje que eran amigos,
pues se trataban con familiaridad y para mi sorpresa,
el cromañón también hablaba inglés.

Con semejantes visitantes en el vecindario,
aún con más razón saldré de casa como un pincel.
No sea cosa, que me lo vuelva a encontrar a bocajarro.

Dado que me considero una fan del glamour,
antes muerta que sencilla es mi lema.

Y hablando de muerta, sería poético que las Valquirias
recogieran mi alma caida en el campo de batalla
y me llevaran al Valhalla en vaqueros y con tacones,
por favor, que prosaico.

Entre sus manos

Mira que tarde has descubierto
que tras la tristeza se oculta la ternura.

¿Por qué será que en edad de atardecer
duelen tanto las alegrías del ayer?

¿Y por qué la piel no olvida
la tibia caricia del amante?

Desiertos de besos
se agrietan mis labios.

En mi vacío regazo
mis brazos cruzados
abrazan tu ausencia.

Aprietan mis manos
el adiós que se resiste.

Qué sabe áquel de ausencias
si presentes están sus amores.
Qué sabe áquel de pérdidas
si solo entre victorias vive.

Y si el dolor te arrodilla
bajo la vastedad del cielo,
hay un Dios que te escucha,
que te arrulla
como al sol entre sus manos.

Pétalos de vida

La humilde margarita de mi alma
desflorándose está,
tras años despojándose
de cada pétalo de vida que tuvo.

Florecilla cortada a destiempo,
desfallecida en plenitud.

Miro y miro, y vuelvo a mirar,
arrobada entre los pétalos
de nuestra vida en primavera.

La luna prisionera esta,
no quiere dejarte partir
porque sabe que mañana no estarás.

De pétalos huérfana quedará tu poesía,
asilada entre viejos cuadernos
muerta entre el polvo y el olvido.

Ella, mi margarita,
no conoció la tristeza de una mañana,
mas, siempre,
mudo el cielo
la inspiró.

¡Es la hora de tu hermosura,
de perfumar el aire
de otros mundos.