Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Entre escaparates (133)

Me hallaba dando vueltas por un centro comercial
tras empacharme de
una jugosa hamburguesa
y un monte de patatas fritas.

Iba distrayendo la vista entre luminosos escaparates,
que invitaban a entrar, tocar y palpar
todo aquello que llamara mi atención.

  Y darme el tiempo de entrar en los probadores,
pues tal vez esos new looks
levantarían mi escuálida autoestima

Esta rutina, en apariencia frívola para muchos,
debo decir a favor de quienes disfrutamos de esta mareante ilusión,
que los centros comerciales fueron creados para animar
a las almas que como yo,
necesitan sumergirse en el bullicio para ahuyentar su soledad.

Es fácil despercudirnos de nuestro claustro
en medio del tumulto,
nuestra presencia pasa completamente inadvertida. 
Nadie ve a nadie en medio del montón. 

Aunque más tarde de vuelta a casa,
sin tener con quien comentar, ni a quien enseñar tus compras,
también tiene su punto de bajón importante.

Es ahí donde realmente quería llegar,
da igual cuantas horas hayas esquivado
encontrarte a solas contigo misma,
porque el remezón emocional que te espera
detrás de la puerta de tu casa
no lo podrás evitar.

Qué consuelo,
la cama te espera,
suerte que el cansancio de tus pies
te adormecerá el alma
y sumergirá tu tristeza en un sueño.

Un viejo sueño

Tuve sueños en mi vida,
¡que yo no sé!

Quizá, demasiado fantásticos para ver la luz.
Tuve sueños en mi vida,
¡que yo no sé!

Tal vez mi devoción por la naturaleza,
mi insaciable necesidad de aprender,
de viajar, de ver mundo,
sin tiempo de parar.
Cierto es que para el hombre
esta limitación no es tal.

Más siempre un viejo sueño vuelve,
aunque caduco,
para una mujer,
siempre vuelve.

Cuando ya casi lo olvidaba,
o más bien mi plazo expiraba,
soñé con un hijo.
Al límite de lo permitido,
y la naturaleza dijo – no –
ya es tarde, ya no se puede.

A muchas, la naturaleza no os avisa
y queda para siempre dentro de una
ese lamento del alma…
esa espinita clavada en lo más hondo.

O la interrogante mas frecuente es:
Y si?? Y si hubiese?? ¿Tal vez…???
Preguntas sin respuesta.

Finalmente cumplí mi sueño
a mis cuarenta años
llegó una niña maravillosa.
Es una gran verdad,
que la esperanza nunca se ha de perder.



La viejita del tarot

Tentada por una buena amiga mía,
iríamos a vernos las cartas
con una afamada vieja tarotista.

Salía por esos días con un buen chico
de prometedor futuro
y también alegraba mis días,
un maravilloso amigo mayor extranjero.

Aclaro por tanto,
el cuadro que me rodeaba
en ese punto de mi vida.

Buscaba respuestas, como es obvio,
en las cartas del Tarot.

Fue una total sorpresa la clarividencia
de esta viejecita.
Que resultó ser todo un personaje de leyenda.

Su lectura visceral de las cartas,
a medida que las interpretaba,
me iba dejando más y más estupefacta
y no daba crédito a cuanto estaba oyendo.

Lo primero que me chocó,
fue aquello de que esa relación
frivolina que yo ahora mantenía,
con ese hombre mayor extranjero,
estaría ligada a mi vida,
por muchos muchos años.

La cosa es que,
junto a este hombre extranjero,
quien además estaba legalmente casado,
se me auguraba toda una vida
muy azarosa.

En el plazo de 6 meses,
me hallaría yo muy muy lejos de allí,
en otro mundo, en otro continente
y hablando otro idioma.

Todo, en su conjunto,
más parecia la alucinación propia
de una señora mayor y nada más.

Si entonces no tenía ni un céntimo,
ni menos para volar a otro continente.
dónde iba a ir yo, ¡pobre de mi!

Y tal como ella lo predijo en su día:
a los seis meses estaba yo
tomando un vuelo que me llevaría a Londrés.
a otro mundo, a otro continente, otro idioma,
tal cual.

Para que luego no se diga
que todo esto de la quiromancia
es propio de charlatanes.

Hace cosa de un año o así,
volví a recordar a esta viejecita y su presagio,
cuando volvieron a resonar sus palabras dentro de mi,
vaticinando que yo
sería una viuda joven.