Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

A | B | C | D | E | F | G | H | I | J | K | L | M | N | O | P | Q | R | S | T | U | V | W | X | Y | Z
Buscar

Ay del ay… (19)

¿Desde cuándo caminas en soledad?
¿Y desde cuándo te acompaña el silencio?

¿Acaso fue tu viudez que pausó tu andar?
¿Y la garra del duelo atenazó tu alma?

¿Fue al momento de su partida,
cuándo tus ojos se hicieron más pequeños
y la muerte a tus párpados vencieron?

Más tarde vino aquello:
lo de evitar la mirada de los demás,
la impudicia de tu tristeza.

Y por estos días,
torvos pensamientos en lágrimas,
la emoción anuda tu garganta,
haciendo líquida la mirada
e impúdicas tus flaquezas.

Que drástico cambio del alma,
tu carácter se ha ido dulcificando,
te has hecho más compasiva con los demás
y tu mirada como las banderas en duelo,
a media asta.

¿Cómo podrías haber sabido lo que sientes ahora?
¿Si nunca antes estuviste al lado
de un ser amado que muere?

Asi es como llega el zarpazo,
piadosamente por fortuna,
poquito a poco
yéndose con el tiempo al olvido.

De manera muy silenciosa
su recuerdo se acomoda y se instala:
con ese ay del ay
que al alma llega.

Y cuando ese ay del ay,
al alma llega,
ahí se queda.

Mienten tus ojos

Infidelidad en tus ojos,
ellos no mienten.
Nunca me amaste,
ellos hablaban de verdad,
delataron tu desamor.

Tu boca negaba
lo que tus labios prometían.
Tu no me amabas,
tus ojos no mentían.

La soledad no soportabas,
huías del desengaño,
presa fácil y disponible,
pobre de mi, ahí yo estaba,
llenaría tu vacío
a cambio de nada.

Mientras daba y daba,
te amaba y te amaba,
mientras con tus migajas,
me conformaba.
Tus falsos abrazos,
tus falsos te quiero,
llegué a creerme.

Ahora se, tarde también,
que ni por un momento,
estuve en tus planes.

Nunca encajé,
en tu panorama social,
apenas fui un parche,
mientras a la normalidad volvías.

Esa normalidad tuya me excluía,
me dejaba fuera de tu vida.

Aunque bien pensado,
creo que nunca estuve realmente dentro, verdad?


Siempre ahora (182)

Se precipitaba al borde de sus mejores años,
también podría tratarse de un repentino bajón – pensó.
Pero no, esta vez no, era diferente. 
Algunos recientes reveses la habían desmoralizado.

Aunque no creía que se tratara de una depresión,
lo cierto era que los grises
se habían apoderado de casi todas sus horas del día. 

Largas horas de atonía, un continuo
clamor por la intensidad  de su vida anterior.

Acostumbrarse a lo bueno es tan fácil, se decía –
ni siquiera hace falta preparación. 
No así para encajar lo malo y asumir el sufrimiento,
eso ya es otra historia.  

Al cabo de unos días de su crisis y de tocar fondo,
abrió los ojos una mañana
y una fuerza revitalizadora se despertó con ella. 
Empezó a sentirse llena de vida otra vez
y resucitó su alma adormecida por tanto tiempo.

Se sentía tan viva de nuevo,
deseosa de plasmar otra vez
aquellas locas ideas que  pasaban por su cabeza. 

Nuevamente sus dedos bailaban sobre el mágico teclado.
  Al tiempo que su mente iba recopilando
de su cava baja tantas y tantas historias por contar.   

Así fue como dejó de lamentarse por todo lo que no tenía
y pasó a disfrutar de todo lo que si tenía. 

Y de repente se hizo con el control de su mente,
dejando de columpiarse al ritmo de su ego:
del pasado al futuro, del futuro al pasado,
y así hasta el cansancio.

De aquí en adelante,
siempre ahora.