Ay del ay… (19)

¿Desde cuándo caminas en soledad?
¿Y desde cuándo te acompaña el silencio?

¿Acaso fue tu viudez que pausó tu andar?
¿Y la garra del duelo atenazó tu alma?

¿Fue al momento de su partida,
cuándo tus ojos se hicieron más pequeños
y la muerte a tus párpados vencieron?

Más tarde vino aquello:
lo de evitar la mirada de los demás,
la impudicia de tu tristeza.

Y por estos días,
torvos pensamientos en lágrimas,
la emoción anuda tu garganta,
haciendo líquida la mirada
e impúdicas tus flaquezas.

Que drástico cambio del alma,
tu carácter se ha ido dulcificando,
te has hecho más compasiva con los demás
y tu mirada como las banderas en duelo,
a media asta.

¿Cómo podrías haber sabido lo que sientes ahora?
¿Si nunca antes estuviste al lado
de un ser amado que muere?

Asi es como llega el zarpazo,
piadosamente por fortuna,
poquito a poco
yéndose con el tiempo al olvido.

De manera muy silenciosa
su recuerdo se acomoda y se instala:
con ese ay del ay
que al alma llega.

Y cuando ese ay del ay,
al alma llega,
ahí se queda.

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