Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

A | B | C | D | E | F | G | H | I | J | K | L | M | N | O | P | Q | R | S | T | U | V | W | X | Y | Z
Buscar

Deshilachando

Mientras el pasado recupera su voz
y me devuelve sombras emocionadas,
momentos heroícos que no fueron tal,
ausencias arañando el pecho,
voy deshilachando el pasado
entre miles de recuerdos muertos
que el paso del tiempo
ha ido matando.
Mi pecho que ya debería hospedar la quietud
de pronto, se envalentona creyéndose de 20 años.
Vuelan alto los recuerdos,
los sueños muertos se alejan,
sentimientos luchando contra resentimientos.
Su poesía solo a ella emociona,
solo a ella conmueve.
Su verbo estéril suspendido en el aire,
herido esta sufriendo entre las nubes,
roto sobre una piadosa media luna.
El viento sopla alborotando árboles y hojas,
arrancando frutos a destiempo,
removiendo raíces,
aferradas a una tierra
que aprieta y aprieta
engañando a un tiempo que estrangula.
Sin tregua ninguna,
la brisa corre y el viento la persigue
mientras nosotros vamos
engañando al impiadoso tiempo.

.








Ayer fui (166)

Fue apenas ayer
esa que ya no soy.

Era y fui ayer hermosa
era y fuí ayer una tentación
era y fui ayer un gran sueño.

De mi se aventará el aliento,
de mi se irán mis pensamientos,
sin voz dejaré mi alma,
ido el rastro de mi mirada,
solo esta hilera de versos,
pervivirán.
Porque dos veces morimos,
agónico es el estrago final.

Envejeciendo en la penumbra,
llega el primer zarpazo
y una fosca noche,  
la postrera estocada.

Arribaré sin vida y sin nombre,
envuelta entre nubes de muselina,
arrullada por el susurro,
de la amante eternidad.

Abuelita querida (56)

Y porque no hay edad para la ternura.

Entre esas calles desiertas,
detrás de ese desvencijado portón
y un florido jardín de hortensias,
vivía mi abuelita.

Mi visita emocionaba su mirada
a esa hora de la tarde,
en que el día se agosta
y se lleva a esconder la luz,
allá lejos donde se pierde la mirada.

Con qué cariño me ofrecía un tecito
sentada a mi lado en la mesa,
iba yo enhebrando pensamientos,
hablándole de mis eternas aventuras
alejando así sus esperanzas
de verme casada con hijos
algún día.

Todavía conservo el recuerdo
del sabor a canela de su té,
preparado con tanto mimo
en su añosa tetera.

Mi sola presencia la regocijaba
en esas horas aturdidas de la tarde.

Tenía la pequeñez de una muñeca,
y destellos de bondad
en su mirada.
Trasunto fiel de un ángel
que los años le dieron,
sus alas de santa.

Dios mío, ¿cómo ha pasado el tiempo desde entonces?
no sabría precisarlo,
me falla la memoria
porque al recordarla
siento que nunca se ha ido
que siempre ha estado conmigo.

Seguramente son sus alas,
las que todavía me acarician
cuando me tiembla el alma.