Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

A | B | C | D | E | F | G | H | I | J | K | L | M | N | O | P | Q | R | S | T | U | V | W | X | Y | Z
Buscar

Y punto

A los que me seguís, quizás habréis notado
mis típicos estados anímicos de tobogán
y bueno, también a ellos les debo
mis escritos: muchos para llorar, otros para reflexionar
y algunos para reir.

La cosa es que fue abrir los ojos una de estas mañanas,
sin saber qué hacer, perdida y sin propósito alguno
y de repente mirar por la ventana, ver los mismos árboles,
la misma vista de cada mañana
y darme cuenta de que hoy
lucían más verdes, más reales, más auténticos.
Y no descoloridos como los veía últimamente.

Y bueno diréis, y qué pasó????
En realidad no sé lo que pasó,
en realidad nada, creo que simplemente fué
un angelito que se me metió de incógnito dentro de mi
y voilá, cambió mi mirada.

Finalmente llegué a la conclusión más
simple y de sentido común que podaís imaginar,
la vida en este universo,
nos devuelve ni más ni menos,
lo que le damos,
o sea, sonrisas o lágrimas.

Y me he dicho, se acabó el lloriqueo,
voy a sonreirme a mi misma,
a imaginarme maravillosa, preciosa,
con ganas de vivir, de hacer cosas, de escribir,
de pintar, de ir al cine, cocinar, de salir al super a comprar cosas ricas;
y a olvidarme de ese yo que me sobotea cada mañana.

Voy a ser feliz y punto.





.




Diosidencia

A paso lento caminaba por la acera
con la mirada sepultada
en cada cuadradito del pavimento,
paseando su cabeza sobre sus hombros,
llevando sus pensamientos
a las antípodas de sus pies.

Exactamente a su vera
caminaba otra persona,
igual de ensimismada,
pero más distraída incluso,
pues estuvo a un segundo
de cruzar con semáforo en rojo.

Levantó la mirada y la vio.
Era una mujer con demasiado pelo para su cara tan diminuta,
cargando un abrigo gigante sobre sus hombros
de color muy alegre para su anodina apariencia.

Él siguió caminando como si nada,
aunque ahora bordeando el parque
en lugar de seguir por la acera.

Curiosamente,
la misma decisión tomó la chica,
tirar por el lado del parque aunque algo mas distante
de su improvisado compañero andante.

Fue entonces que,
viendo que la chica seguia
caminando a su mismo ritmo,
empezó a sentirse incómodo,
y algo desasosegado.

Y sin saber cómo reaccionar:
¿Hablarle o no?
¿Saludarla simplemente?
¿Al menos buenos días?
¿Seguro se pensará qué…?
¿Igual no le apetece hablar con nadie?

Tal vez, al igual que yo,
solo salió a tomar el aire de la mañana.

Ahora, delante de él,
se abren dos senderos.

Y sin pensarlo mucho,
tomo el de la derecha.
Y ella, curiosamente,
cogió por la izquierda.

Así lo hizo y continuó su camino
distraidamente.

Tan ensimismado como estaba en su paseo,
ni siquiera se percató de la chica del abrigo,
hasta que se toparon en el único cruce
que volvía a unir ambos senderos.

Se chocaron por primera vez,
con sus miradas turbadas.
Algo embarazoso para dos desconocidos.

Él reaccionó de la única manera que se le ocurrió:
Uffff, que pequeño es el mundo, ¿no?
Aunque casi enseguida se sintió ridículo.
¡Ya! – dijo ella –

Y saltó con otra ocurrencia salvadora:
Si al menos paseáramos a nuestros perros, ¿no?

– Yo acabo de perder el mío – dijo ella.
Estaba muy malito el pobre…

También yo tenía uno. Un fox-terrier precioso,
pero se lo quedó mi ex…

******

Y voilá, ya lo tenemos.

¿Qué pensáis?
¿No creéis que ellos desde el primer momento
en que comenzaron a caminar juntos
el universo se confabuló para unirles?

Eso es lo que se llama «diosidencia»

Cuando ya no vuelva

Me dijiste un día,
todavía lejos de tu partida;
el día que me vaya
espérame solo unos suspiros
y cuando el consuelo llegue a tu corazón,
será señal de que ya no vuelvo.

Momento entonces
para echarte andar,
con el mismo épico entusiasmo
de cuando juntos éramos
frente al camino.

Mas, no te sientas sola,
no lo estás
nunca lo has estado
y nunca lo estarás.

Cada vez que sientas
el calor del sol, la luz de la luna
y de las estrellas
acariciando tu rostro
besándote estaré desde donde esté.