Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Introspección

Emprendiendo un viaje hacia dentro de sí misma
se sumergió en lo más profundo de su ser
y ya no volvió a asomar al mundo que conocemos.

Un indescriptible placer la arrulló en sus entrañas
donde la soledad y el miedo no existían.

Hacía ya tiempo que se venía alejando de todo lo mundano
y cada día mostraba menos y menos interés
por cuanto la rodeaba.

Ese entorno desangelado a su alrededor
debió llevarla poco a poco a refugiarse
dentro de lo más hermoso de su ser
envuelta entre los amores que la trajeron a este mundo. 

Muy lentamente, de manera casi imperceptible,
fue replegándose más y más hacia dentro de si misma
  hasta convertirse en ese ser
profundo y místico que conocemos hoy.

Amiga mía del alma

Ayer en el cine, tumbada en una butaca premiun
temblando como una hoja durante casi toda la película Un lugar en silencio,
echaba de  menos a mi lado a esa amiga del alma que tuve.

Necesitaba compartir ese miedo, esos instantes de adrenalina
desbordada y de enervante suspenso,
sobre todo echaba de menos esa complicidad casi delictiva
entre amigas que se lo cuentan todo, siempre.

Confesiones desinhibidas y parloteo sin tapujos,
sin prejuicios, ni temor a ser juzgada. 
Es una relación incomparable con ninguna otra,
aunque con tintes infantiles. 
Es evidente que a medida que perdemos juventud y
ganamos madurez y el sentido común va tomando el control
de nuestra persona, ya nada parecido
a esa unión de almas amigas puede volver a darse
con tanta espontaneidad.

Con los años, seguramente haremos más y buenos amigos
por el camino, pero nunca se igualarán
a esas primeras entrañables y locas de nuestra adolescencia

La misma intensidad con la que se vive todo,
cuando nuestra vida apenas empieza,
no tiene ningún punto de comparación
con cualquier otra cosa que vivamos más tarde.

Es euforia juvenil en estado puro,
es una pena qué desapezca tan pronto,
cuando apenas llegaba el primer novio en escena.

Pasando la vida

Asomada a la ventana
entornaba la mirada
paseando la vista
por herrumbrosos tejados
entre viejas casas;
de precarias construcciones
de gentes que ni conocía,
que ni siquiera sabía,
si todavía vivían en ellas,
o habían muerto ya

Sentía que esa atonía que la aquejaba,
le sobrevenía de fuera hacia adentro,
como si sus días se hubiesen vaciado de contenido.

Desde hacía algunos días
la inquietaba el sinsentido,
se preguntaba si así sería hasta el final.
Y su intensa e increíble historia de vida
hasta ahí llegaría sin más.

Tal vez solo fuera,
su ociosa percepción del tiempo.
Hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo,
igual que ayer y antes de ayer.

¿Se hallaría vaciada de ilusiones su vida?
¿O era efecto pasajero
de su claustro fóbico encierro?

Pasaron semanas, meses
sin ventilar ni respirar sus sueños.
A lo mejor ella había ya muerto,
y ni siquiera se había enterado.

Aunque conciencia tenía
de estar matando las horas,
perdiendo un tiempo precioso
en esa agonía de sus tardes.

Solo sabe que de ella depende,
superar ese abismo.
Nadie puede rescatarla,
ni siquiera ese amor
que la rodea.

¿Pues qué hacer entonces?
¿Cómo devolver la ilusión del mañana?
La chispa de una primera vez.
O, llevar la mirada hacia donde nunca antes nadie miró.

Y qué tal, si la respuesta se hallará en ese pensamiento:
«No pretendamos que las cosas cambien
sin antes cambiar tu mismo»

Da pereza cambiar.
¿qué cambiar a estas alturas?
Hasta para éso necesitas
unas gotitas de ilusión.

¡Uffff, uffff, ufff
a ver cómo salgo de ésta!