Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Una buena muerte

De todas las maneras de morir,
la que mejor me parece fue la de la Yaya.

Es mi pequeño homenaje para ella,
mi suegra catalana que hoy esta de aniversario.

Su nombre de lo más catalán, Trinidad Moner Reixach.
Y su primer comentario a su hijo al conocerme fue:
llastima que no segui catalana.

Cuando yo entré en su vida ella ya era mayor.
Se había hecho una mujer silenciosa
y solo tenía ojos para su hijo, Josep Maria.

A través de él, supe de su lucha como leona por su familia.
De sus tiempos de pesadilla para proteger
y defender a su hijo y marido
de las atrocidades de la guerra civil.

Solía cada tarde sentarse en un
apartado rincón de la casa,
con su rosario entre sus manos,
teniendo por única compañía echada a sus pies,
a Luna, una preciosa perra setter inglés
que en sagrada quietud acompañaba sus rezos.

Se me ocurrió un día preguntarle:
Yaya, ¿por qué reza usted cada día?
Y su respuesta jamás olvidé:
para que Dios me de una buena muerte.

En un día como hoy, hace 29 años,
hizo su último viaje nuestra Yaya.
Como cada noche se retiró a descansar
a sus aposentos
y a ver las noticias en la televisión antes de dormirse.

A la mañana siguiente,
viendo que no salía y ya era tarde, entró su hijo Josep
y creyéndola dormida, la tocó para despertarla
y sus frías manos le dijeron que estaba muerta.

Se había ido durante su sueño
yacía dormida para siempre con su rosario entre sus dedos.

Curiosamente, su marcha fue justo unas semanas
después de soñarse feliz meciendo la cuna de su nieto.
La nieta que soñó y no llegó a conocer.

Qué misteriosa manera tiene la vida
de enseñarnos cosas tan simples como la fe
y la fuerza de la oración.

Poesía de andar por casa

Vuelve a su rincón de cada mañana
allí donde su fiel amigo el teclado
paciente espera al genio que lleva dentro
y a sus dedos encantados
haciendo clic con las alturas.

De momento reclama un minuto de silencio
para despejar su mollera.

Sin embargo, se lo esta pensando,
si llevar sus pensamientos al cielo
y su cuerpo a la arena,
o, quizás alcanzar la cumbre de aquella montaña
para tocar más de cerca a la poesía.

Tal vez, eche a volar su imaginación
tan alto, tan alto,
llevando su prosa por equipaje
y a cuestas su bagaje.

Esta nostálgica rapsoda suya
se pregunta una y otra vez,
si en su camino se topará algún día con la fama

!Pero qué locas pretensiones las suyas!
¿acaso no saben sus musas
que su poesía es la de andar por casa?

Que su prosa es tan tan modesta
que solo conmueve a las almas más errantes
y solitarias.

Cielo repleto


Cada día se van desgranando nubarrones,
allá bien alto donde elevo la mirada.

De súplicas y ruegos,
el cielo esta repleto,
y llenas están las nubes
de llantos desoídos.

¿Cuántas veces la fe se nos escabulle,
por las rendijas de la angustia?
¿Cuántas veces la hemos perdido?
Mas siempre, aparece un ángel
que acaba devolviéndonos la vida.

¡Oh mi Dios, míranos!
guarda nuestro costado,
mientras nuestras almas divagan.

Cómo podría no amarte,
si Tu eres todo lo que amamos,
y en Ti están todos los que hemos amado,
pedacitos de sus almas durmientes,
en brazos de Tu eternidad.

Mañana,
tal vez mañana,
se amansen los cielos,
y a raudales tu amor derrames,
sobre aquellos,
caídos en desgracia.