Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Aéreo

Sus recuerdos vuelan alto,
sus sueños muertos se alejan,
sentimientos al garete.

Su poesía,
solo a ella emociona,
solo a ella conmueve.

Su verbo estéril,
suspendido en el aire,
ha pinchado su nube,
meciéndose ahora,
sobre una piadosa media luna.

El viento sopla,
alborotando árboles y hojas,
arrancando frutos a destiempo,
removiendo raíces,
adormecidas por el paso del tiempo.

La brisa corre y el viento la alcanza,
sopla allá lejos,
aquí no llega.
De mis árboles cercanos
ni una hoja agitó.

Palabras al viento,
ella recita, hablando sola.
¿Acaso alguien la oye?
¿Tiene orejas el universo?
– No lo sé –
Ojos si tiene,
ojos que lloran,
a cántaros, a veces.

El secreto del fin

Tiempo es de sentir
sensaciones a flor de piel,
un ejemplo es tu mirada
puesta en el más allá,
así como tus pasos
se alejan del más acá.

En tus ojos se intuye el infinito,
enseña la quietud del silencio,
ese mismo silencio
que nos embargará mañana
cuando nos hallemos
donde tú estas ahora.

Qué importa ya,
que falle la memoria,
tiempo es de viajar dentro de ti
y repasar la historia de tu vida,
aunque anhelo aprender de tus ojos,
el secreto de tu saber partir.

Se comienza olvidando el ayer,
abrazando con fuerza a nuestros amores,
soltamos con nostalgia lo que fuimos
a esa fiel compañera de viaje.

No podemos retener las hojas caídas
del árbol de nuestra vida,
sin frutos ni néctar por exprimir.

Despertarás sonriendo allí donde vas,
porque aún vives,
aspirarás profundo al universo en tu pecho.

Y al fin, comprenderás que el alma es eterna,
he ahí el misterio, siempre estuvo ahí,
en lo más alto del celeste.

Eterno te quiero (130)

Temblando la soledad te despierta,
sin la tibieza de su cuerpo,
frías y desnudas de su amor
dejó tus noches.

Cuánto desearías que algo suyo
interrumpiera tus tardes de suspiros
y el velo de su beso rozara tu boca.

Aunque abatidas esten tus alas
alto se elevan en vuelo
pensando en él.

La vida siempre regresa
donde la poesía dejaste,
resoplando roncos rugidos el alma
el verso indócil
entre cenizas,
remiso a revivir.

Un eco lejano de su voz,
un sutil silbido en el aire
te susurra al oído:
¡amor mío!, estoy aquí,
nunca me he ido.