Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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11 mil kilómetros

Embrujo a distancia:
aquí, nublado, llueve que te llueve, y al otro,
toldos, tumbonas y playas, venga sudar y sudar
así vivo yo.
a 11 mil kilómetros del epicentro
de mi ser.

¿Se puede estar en un lugar
y a la vez vivir en otro?
¿Qué locura es ésa?

Dicho de otra manera:
Estar físicamente en un lugar,
pero mental y espiritualmente vivir en otro.
Eso precisamente me ocurre a mi.

¿Quien no ha intentado alguna vez,
desconectarse en un momento dado de estrés
y agobiantes niveles de saturación?

¿Qué pasa si esa desconexión se prolonga en el tiempo
y deja de ser temporal?
Entiendo ésto como una evasión.
De lleno con la psicología nos hemos topado.

Desconociendo el argumento de un psicólogo
y buscando una explicación razonable,
intentaré no perderme en el jardín.

Para mí, esta actitud, en la práctica,
es un problema de no aceptación,
o sea, negación de la realidad.
Una táctica de escape de la mente
cuando algo no nos gusta
y no podemos cambiarlo.

Quizás sea tan simple como eso,
o bien algo mucho más complejo.
En cualquier caso,
no creo haber despejado la X
con este argumento.

Personalmente, para no entrar en conflicto
con mi presente,
prefiero algo paliativo.
A modo de profilaxis mental,
uso mi imaginación para estar en un sitio
pero siendo feliz en otro.

Así vivo mi exilio espiritual,
a 11 mil kilómetros de distancia. 

¿Inspiración dónde te fuiste? (68)

Una fresquita brisa tempranera
se coló a través de mi ventana bailando rock-and-roll,
revolviendo mis pensamientos, desenredando mis pestañas
y tocando mi corazón.

Recompuesta y ya sentada frente al compu,
rumiando mis ideas entre las teclas,
tan esperanzada mi pantalla,
a pesar de su blanco total.

¡Vamos!
ya la brisa refrescó
a tu mente lo suficiente,
inténtalo otra vez,
y dedos al teclado.

Sola en casa,
28 meses sin marido
y una hija 12 meses con marido.

De momento,
alejada anda la muerte de mi palomar,
se respira una tregua,
por aquí no se la espera.

Aunque el postrado vecino de enfrente,
profesor de química,
está que la palma,

Seguramente su bella enfermera,
con sus amorosos cuidados,
lo mantiene todavía sujeto a este mundo.

Mientras fuera,
en la calle
una vieja barriendo el otoño
y una bandada de pájaros
sobrevuela su encorvada espalda.

Al cromañón de mi vecino,
al menos sus perros le ladran
y el abuelo taxista
con su trapo lustrando
su viejo cacharro.

Tampoco a las risas
se las espera por estos lares.

Qué envidía
el calorcito,
hasta aquí llegan los ramalazos
del lontano dorado de Mallorca, Costa Brava,
Baleares, Ibiza.
!ayyyyy, ayyyyyy, vivan las vacaciones.

¡Vamos, otra vez!
de vuelta al compu,
que impaciente esta,
ante mi escaso ingenio,
porque la noche vino y me robó
el motivo para dejar la cama esta mañana.

Sorprenderé a mi teclado
contándole algún secreto,
de esos inconfesables.

Intentaré ruborizarle
tecleando eróticas prosas
un flirteo sexy,
entre vocales picantes
y palabras afrodisiacas.

Ya veréis,
se le subirán los colores
al mojigato de mi compu.

Amor a destiempo (72)

Por aquellos días de José María,
la vida les ofrendaba tiempo para soñar
y tantas alegrías por vivir.

Eran dos almas
nacidas a destiempo,
otoñal su octubre
y primaveral el suyo,
separados por cinco lustros
y aún sabiendo,
que juntos no encontrarían ese final,
unieron sus almas a un mismo destino.

La enamoró su andar por la campiña,
entre vainas y piñones
bajo cedros y algarrobas
recogiendo orégano y tomillo,
respirando campos de lavanda,
amenizado por sus sabias palabras.

Caminando junto a él,
dio nombre a cada pájaro y a su canto,
y no conoció la tristeza de una mañana.

Cuánta armonía reinaba en él
entre la vida de los montes
y la sabiduría de sus libros.

Mas apenas ayer,
vino su final a encontrarle
y de su lado alejarle.

Ya su alma se cuenta entre los hados
en ese eterno más allá para todos.

Se fue sin conocer la alegoría
de la Encina y el Tilo,
que les hubiera unido para siempre
entre cedros y algarrobas,
campos de lavanda,
paraíso para los amantes como ellos
nacidos a destiempo.