Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

A | B | C | D | E | F | G | H | I | J | K | L | M | N | O | P | Q | R | S | T | U | V | W | X | Y | Z
Buscar

De otra enamorado

Recuerda aquel invierno,
aquel jersey que durante horas tejía y tejía,
convertida en su Penélope, esperando su regreso.

Pasaban los días tejía y destejía y él no volvía.

 Un día cualquiera, ya inesperado,
anunció su llegada y por fin, a su lado regresaba otra vez.

 Fue entonces que se apercibió del ausente corazón de su amado,
un gran vacío la invadió.

Su hombre había regresado, pero su amor por ella, no.
Por allá lejos su corazón habían robado.
Su esquiva mirada fue delantando su desamor.

Se preguntaba: ¿qué hacer si ya no me ama?
 ¿Destejer lo tejido como si nada?
¿Proponer un digno adiós?
 ¿Y evitar un humillante final?

Disimulando lo deshecha que por dentro estaba,
le propuso que aprovechara su billete de regreso,
que se tomara su tiempo y reflexionara,
sobre lo que de verdad deseaba hacer de su vida. 
 En otras palabras, le propuso una airosa salida
y se lo puso fácil para dejarla,
en realidad, se lo sirvió en bandeja.

El día de su partida,
ella esperó en silencio que volviera atrás en sus pasos
y la fundiera en un abrazo arrepentido.
Mas eso no ocurrió.
Su final no era el de una película.

Por mucho tiempo abrigó la esperanza de su regreso,
pero él jamás volvió. 
Hoy, solo unas cuantas fotos suyas le recuerdan,
que él fue real en su vida,
la amó y sí existió.

Esperas…

¿Quién no ha esperado algo lleno de ilusión alguna vez?
¿Quién no ha esperado un milagro?
¿Quién no ha soñado con estar entre los vencedores?

La vida es un continuo esperar,
esperar y esperar.…
Siempre esperar, con fe o sin ella,
pero siempre con esperanza.

Y hablando de fe, José Antonio Marina hace una buena definicion de ella:
«la fe es pasar de la seguridad de lo visible a la seguridad de lo invisible»

¿Acaso no os parece que lo visible y la certidumbre son primas hermanas?

Si se espera ya bordeando los sesenta,
con mirada pasiva y resignada ante la vida,
aún habiendo esperanza y fe,
lo mismo es tirar el tiempo y la vida por la ventana.

De ahi viene la sabia idea de que si estas triste
o deprimido, que te pille ocupado y trabajando.

Llegados a este punto,
el tiempo libre, sin un duro ni para coger un tren,
sin apenas tener para comer,
entonces acaba la vida de pasarte por encima.

Las dos hermanas (37)

Llegó la mañana, despuntó la luz y no la encontró.  
¿Acaso se habría marchado otra vez?
No sería de extrañar, ella acostumbraba a viajar,
iba y volvía, una y otra vez.
No conseguía quedarse por mucho tiempo,
necesitaba regresar, regresar allá lejos,
a ese viejo mundo al que pertenecía por adopción.

Eran dos hermanas, muy unidas
mientras compartieron sueños y romances propios de juventud.
A esa edad en que las hormonas cambian y separan caminos,
a ellas tambien les apartó.

 La menor, eligió seguir la senda tradicional, la del primer amor,
vestida de blanco, altiva hacia el altar, con sus dorados cabellos,
enmarañados de sueños inimaginables para el resto de los mortales.

Mientras que la mayor, se fue a volar lejos, tan lejos se marchó,
 que hasta su propia lengua dejó de hablar.

Y así fue como las dos hermanas hicieron sus vidas por separado
en distintos atlas, compartiendo mil mundos dentro del mismo universo.

Se reencontraban,
cada vez que la eterna viajera bajaba las escaleras del avión,
cargando amor y regalos,
y un sin fin de fiestas y festejos en su honor comenzaban,
dejando una fastuosa estela de confetti a su partida.

Durante su visita las hermanas ponían sus vidas al dia,
se empalagaban de cariño para todo el año.
Mas siempre la hora de separarse llegaba
y siempre en otro avión, la mayor volando se marchaba.

Mas el tiempo pasó y los años también
ambas ya peinando canas,
aunque había que reconocerles su
especial estilo y elegancias intanto.
Como curiosa coincidencia del destino,
las dos ya eran viudas y pensionadas.

Paradojicamente la historia de estas dos hermanas,
que comenzaron sus vidas jugando juntas
a las casitas y a las muñecas,
juntas emprenderían esta, por unica vez,
muy probablemente su único y último viaje juntas,
a Italia.

Tomadas del brazo derrocharían alegría,
disfrutarían mil sabores
añorados por sus paladares,
gozarían sus oídos con las
alegres cantinelas italianas,
fotografiadas hasta la saciedad,
destilando gozo, sorpresa.
Nostalgia por los que ya no están… en fin,
algo para nunca olvidar.

Ahora, hagamos un brindis,
¡salud! y hasta el otro lado.