Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Pasando la vida (109)

Asomada a la ventana
entornaba la mirada
paseando la vista
por herrumbrosos tejados
entre viejas casas;
de precarias construcciones
de gentes que ni conocía,
que ni siquiera sabía,
si todavía vivían en ellas,
o habían muerto ya

Sentía que esa atonía que la aquejaba,
le sobrevenía de fuera hacia adentro,
como si sus días se hubiesen vaciado de contenido.

Desde hacía algunos días
la inquietaba el sinsentido,
se preguntaba si así sería hasta el final.
Y su intensa e increíble historia de vida
hasta ahí llegaría sin más.

Tal vez solo fuera,
su ociosa percepción del tiempo.
Hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo,
igual que ayer y antes de ayer.

¿Se hallaría vaciada de ilusiones su vida?
¿O era efecto pasajero
de su claustro fóbico encierro?

Pasaron semanas, meses
sin ventilar ni respirar sus sueños.
A lo mejor ella había ya muerto,
y ni siquiera se había enterado.

Aunque conciencia tenía
de estar matando las horas,
perdiendo un tiempo precioso
en esa agonía de sus tardes.

Solo sabe que de ella depende,
superar ese abismo.
Nadie puede rescatarla,
ni siquiera ese amor
que la rodea.

¿Pues qué hacer entonces?
¿Cómo devolver la ilusión del mañana?
La chispa de una primera vez.
O, llevar la mirada hacia donde nunca antes nadie miró.

Y qué tal, si la respuesta se hallará en ese pensamiento:
«No pretendamos que las cosas cambien
sin antes cambiar tu mismo»

Da pereza cambiar.
¿qué cambiar a estas alturas?
Hasta para éso necesitas
unas gotitas de ilusión.

¡Uffff, uffff, ufff
a ver cómo salgo de ésta!

Hay un lugar (132)

¿Adónde va nuestra luz cuando la vida nos deja?
¿adónde ese vislumbre antes de partir?
¿adonde ese último destello del alma?
¿Adónde los que vivieron antes que nosotros?
¿Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?

Solo unos pocos conocen el camino de vuelta.

Adonde va a parar todo lo vivido, pensado y sido.

Solo unos pocos saben de
ese universo latente,
donde finalmente emigra
todo lo vivido, pensado y sido.

Ante ese postrero paso
hacia ese dónde algunos saben,
por pequeños o grandes que hayamos sido,
esperándonos esta
ese lugar ajardinado, luminoso.

Antesala,
de nuestros nunca olvidados,
seres queridos. 

11 mil kilómetros

Embrujo a distancia:
aquí, nublado, llueve que te llueve, y al otro,
toldos, tumbonas y playas, venga sudar y sudar
así vivo yo.
a 11 mil kilómetros del epicentro
de mi ser.

¿Se puede estar en un lugar
y a la vez vivir en otro?
¿Qué locura es ésa?

Dicho de otra manera:
Estar físicamente en un lugar,
pero mental y espiritualmente vivir en otro.
Eso precisamente me ocurre a mi.

¿Quien no ha intentado alguna vez,
desconectarse en un momento dado de estrés
y agobiantes niveles de saturación?

¿Qué pasa si esa desconexión se prolonga en el tiempo
y deja de ser temporal?
Entiendo ésto como una evasión.
De lleno con la psicología nos hemos topado.

Desconociendo el argumento de un psicólogo
y buscando una explicación razonable,
intentaré no perderme en el jardín.

Para mí, esta actitud, en la práctica,
es un problema de no aceptación,
o sea, negación de la realidad.
Una táctica de escape de la mente
cuando algo no nos gusta
y no podemos cambiarlo.

Quizás sea tan simple como eso,
o bien algo mucho más complejo.
En cualquier caso,
no creo haber despejado la X
con este argumento.

Personalmente, para no entrar en conflicto
con mi presente,
prefiero algo paliativo.
A modo de profilaxis mental,
uso mi imaginación para estar en un sitio
pero siendo feliz en otro.

Así vivo mi exilio espiritual,
a 11 mil kilómetros de distancia.