Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Alea iacta est

Frente al mar alejada del mundo y olvidada por el tiempo, navegaba sumergida su mirada en profundos mares llenos de recuerdos.

Olvidando su ahora, su hoy, rememorando pasajes de gloria, triunfos anónimos, evocando hermosas palabras flotando en el aire. Magulladuras del alma, querencias de tierras lontanas y duelos languidecidos por el paso de tiempo y a saber, cuánta, cuánta vida más se escondía en su mirada.

Se estaría preguntando acaso, ¿qué tan lejos habría llegado si tan solo sus sueños se hubiesen cumplido? ¿Qué tan lejos la habrían llevado y qué sería de ella ahora, si tan solo ese gran amor hubiese sido verdad?
¿Dónde estaría hoy si sus sueños se hubiesen cumplido?
Mas, la decepción en su mirada parecía decir: «qué más da todo aquello que con tanta ansiedad busqué, si desde el mismo principio el destino ya estaba escrito?

Mientras sus ojos seguían navegando sumidos entre viejos naufragios, supo la respuesta. No, no se podía torcer la mano al destino. Ya lo dijo en su día, un grande de la historia cruzando el Rubicón: «alea iacta est«.

Hay un lugar (132)

¿Adónde va nuestra luz cuando la vida nos deja?
¿adónde ese vislumbre antes de partir?
¿adonde ese último destello del alma?
¿Adónde los que vivieron antes que nosotros?
¿Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?

Solo unos pocos conocen el camino de vuelta.

Adonde va a parar todo lo vivido, pensado y sido.

Solo unos pocos saben de
ese universo latente,
donde finalmente emigra
todo lo vivido, pensado y sido.

Ante ese postrero paso
hacia ese dónde algunos saben,
por pequeños o grandes que hayamos sido,
esperándonos esta
ese lugar ajardinado, luminoso.

Antesala,
de nuestros nunca olvidados,
seres queridos.