Frente al mar alejada del mundo y olvidada por el tiempo, navegaba sumergida su mirada en profundos mares llenos de recuerdos.
Olvidando su ahora, su hoy, rememorando pasajes de gloria, triunfos anónimos, evocando hermosas palabras flotando en el aire. Magulladuras del alma, querencias de tierras lontanas y duelos languidecidos por el paso de tiempo y a saber, cuánta, cuánta vida más se escondía en su mirada.
Se estaría preguntando acaso, ¿qué tan lejos habría llegado si tan solo sus sueños se hubiesen cumplido? ¿Qué tan lejos la habrían llevado y qué sería de ella ahora, si tan solo ese gran amor hubiese sido verdad? ¿Dónde estaría hoy si sus sueños se hubiesen cumplido? Mas, la decepción en su mirada parecía decir: «qué más da todo aquello que con tanta ansiedad busqué, si desde el mismo principio el destino ya estaba escrito?
Mientras sus ojos seguían navegando sumidos entre viejos naufragios, supo la respuesta. No, no se podía torcer la mano al destino. Ya lo dijo en su día, un grande de la historia cruzando el Rubicón: «alea iacta esta«.
Asomada a la ventana entornaba la mirada paseando la vista por herrumbrosos tejados entre viejas casas; de precarias construcciones de gentes que ni conocía, que ni siquiera sabía, si todavía vivían en ellas, o habían muerto ya
Sentía que esa atonía que la aquejaba, le sobrevenía de fuera hacia adentro, como si sus días se hubiesen vaciado de contenido.
Desde hacía algunos días la inquietaba el sinsentido, se preguntaba si así sería hasta el final. Y su intensa e increíble historia de vida hasta ahí llegaría sin más.
Tal vez solo fuera, su ociosa percepción del tiempo. Hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, igual que ayer y antes de ayer.
¿Se hallaría vaciada de ilusiones su vida? ¿O era efecto pasajero de su claustro fóbico encierro?
Pasaron semanas, meses sin ventilar ni respirar sus sueños. A lo mejor ella había ya muerto, y ni siquiera se había enterado.
Aunque conciencia tenía de estar matando las horas, perdiendo un tiempo precioso en esa agonía de sus tardes.
Solo sabe que de ella depende, superar ese abismo. Nadie puede rescatarla, ni siquiera ese amor que la rodea.
¿Pues qué hacer entonces? ¿Cómo devolver la ilusión del mañana? La chispa de una primera vez. O, llevar la mirada hacia donde nunca antes nadie miró.
Y qué tal, si la respuesta se hallará en ese pensamiento: «No pretendamos que las cosas cambien sin antes cambiar tu mismo»
Da pereza cambiar. ¿qué cambiar a estas alturas? Hasta para éso necesitas unas gotitas de ilusión.
¿Adónde va nuestra luz cuando la vida nos deja? ¿adónde ese vislumbre antes de partir? ¿adonde ese último destello del alma? ¿Adónde los que vivieron antes que nosotros? ¿Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?
Solo unos pocos conocen el camino de vuelta.
Adonde va a parar todo lo vivido, pensado y sido.
Solo unos pocos saben de ese universo latente, donde finalmente emigra todo lo vivido, pensado y sido.
Ante ese postrero paso hacia ese dónde algunos saben, por pequeños o grandes que hayamos sido, esperándonos esta ese lugar ajardinado, luminoso.
Antesala, de nuestros nunca olvidados, seres queridos.