¿Dónde se fue el genio que ponía palabras a tus pensamientos? ¿Dónde emigró el revoloteo de mariposas… esa penetrante mirada hacia la danza de las nubes?
No hay duda, ha cambiado la mirada del explorador. ¿Por qué? Porque es ley de vida. ¿A pesar de las mismas flores y el mismo jardín? Si, porque ese plateado que mes a mes cubres maravillosamente con tintes, habla del paso del tiempo.
¿Cómo? ¿Acaso ahora eres más sabio? ¿Más lúcido? O es que el amor conmensurable en tu vida rebasó ya los límites de toda medida humana?
¿Cómo puedes estar seguro de no pasar nada por alto, tu mirada puede equivocarse, juzgar sesgadamente? ¿Acaso se puede siempre tener la absoluta certeza de juzgar lo que vemos libre de todo prejuicio?
Miradas que lo decían todo y nada a la vez. Miradas que dejaban entrever mañanas esplendorosas.
O miradas que vaticinaban los tropezones por venir, los golpes y lágrimas cada año más ácidas, y más saladas.
Miradas serias, graves. Ausentes de sonrisas, de alegrías, que aunque las hubo, fueron imperceptibles, cual chispazos.
Atrás en el tiempo se quedó esa brisa fresca de mar que golpeaba tus sentidos, para despertarte y decirte, estas vivo, respira, intenta ser tontamente feliz.
Cuando todo lo que te rodeaba tendía a lo frívolo: cuerpos bronceándose, carcajadas escandalosas, frescas burbujas a borbotones, descalzo pisando arenas doradas… Mientras exhibías esos aires de libertad con arrogancia, hazte ahora perdonar por todo aquello que te ha sido concedido cual bendición caída de los cielos.