Palabras

para recordar

Roxane Bravo Rivera

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Deus aderit

Por aquellos dolorosos primeros días
impensable era el olvido,
negado al corazón,
no se concebía
y sin embargo llegó.

Con los días, las semanas y los meses
finalmente me cercó,
se instaló y ahí se quedó.

Cuántos sueños tu alma se llevó,
cuántos planes desfallecieron contigo,
y cuántos viajes al país del nunca jamás se fueron.

De ti aprendí
el caminar de una viuda,
a pasear mi alma,
a escribir para después de mi
y no temer a partir
y a dejar de ser.

Cómo volver a tenerte si ya no eres,
si en inmortal rccuerdo te has convertido.

Consolador es saber,
que solo tu avatar abandonó este mundo,
mientras tu alma sea eterna,
como Dios,
vocatus atque non vocatus,
Deus aderit

Otra estrella

¡Qué pesada se hace la soledad
si se lleva sin amor!
Un aguijoneo constante
en cada recoveco del alma.

¿Por qué duele tanto mi atardecer?
Si contigo nunca supe
de la agonía de una tarde.

Cuán desafiante es la vida
izando las velas del alma
para zarpar sin ti.

En mi fuga hacia adelante,
mi alma se escapa hacia Europa,
donde debí nacer en realidad.
Pues anclada tengo la mirada
y encallada mi vida se quedó.

Poco a poco, por estos días,
este profundo silencio me asusta
y a medida que el tiempo escatima
se va haciendo más y más
lento mi navegar.

A la vez que voy soltando las amarras
y dejando atrás mi zona de costumbres.

Debí creer o no creer,
esa es la cuestión.
¿Si en otro Dios hubiese creído,
habría otra vida tenido?

Tal vez, otra estrella
me habría bendecido
y otras sendas
habría seguido.



¿Dónde se fue quien fui?

¿Dónde se fue el genio que ponía palabras a tus pensamientos?
¿Dónde emigró el revoloteo de mariposas… esa penetrante mirada
hacia la danza de las nubes?

No hay duda, ha cambiado la mirada del explorador.
¿Por qué? Porque es ley de vida.
¿A pesar de las mismas flores y el mismo jardín?
Si, porque ese plateado que mes a mes
cubres maravillosamente con tintes,
habla del paso del tiempo.

¿Cómo? ¿Acaso ahora eres más sabio? ¿Más lúcido?
O es que el amor conmensurable en tu vida
rebasó ya los límites de toda medida humana?

¿Cómo puedes estar seguro de no pasar nada por alto,
tu mirada puede equivocarse, juzgar sesgadamente?
¿Acaso se puede siempre tener la absoluta certeza
de juzgar lo que vemos libre de todo prejuicio?

Miradas que lo decían todo y nada a la vez. Miradas que dejaban
entrever mañanas esplendorosas.

O miradas que vaticinaban los tropezones
por venir, los golpes y lágrimas
cada año más ácidas, y más saladas.

Miradas serias, graves. Ausentes de sonrisas, de alegrías,
que aunque las hubo, fueron imperceptibles, cual chispazos.

Atrás en el tiempo se quedó esa brisa fresca de mar que
golpeaba tus sentidos, para despertarte y decirte, estas
vivo, respira, intenta ser tontamente feliz.

Cuando todo lo que te rodeaba tendía a lo frívolo:
cuerpos bronceándose, carcajadas escandalosas,
frescas burbujas a borbotones, descalzo pisando arenas doradas…
Mientras exhibías esos aires de libertad con arrogancia,
hazte ahora perdonar por todo aquello
que te ha sido concedido cual bendición
caída de los cielos.