Siete años menos

Volvía a sentarse frente al espejo,
por si su mente la hubiese engañado,
mientras desayunaba.

Sentia como su café caliente
la iba temperando por dentro
y esa fruta fresca recién picada,
le devolverían 7 años de su juventud.

Tampoco su mente desvariaba tanto,
como para imaginarse con 20 años menos,
pero con 7 se conformaba.

Además, con siete menos ya recuperaría
su más reciente golpe de efecto wuaauuu,
donde cayeron subyugados
sus últimos fichajes masculinos.

Que luego resultaron ser un fiasco,
más hundidos que ella misma
en la carrera contra las arrugas y
las flaccideces generalizadas.

Resultó ser una etapa
de pura autocompasión
y de lamerse las heridas unos a otros.

Así pues, se levantó de la mesa,
acabó su deliciosa tostada de pan ciabatta,
con mortadela italiana
y sintiéndose como nueva,
con siete años menos;
que ya se lo decían sus piernas,
y su cuerpo
exudando vida hasta por los poros.

Ya de nuevo frente al espejo,
su espejo predilecto,
éste apunta y le dispara con implacable objetividad,
el mismo rostro
que llevaba mirando en las últimas
dos semanas.

Su mente la ha engañado.
Golpe y decepción juntas,
le bajan la mirada,
levanta sus dedos por instinto,
acarician sus labios con piedad
y luego, sus manos a sus mejillas,
recogiendo una a una
sus lágrimas;
que de sus ojos van cayendo
por cada uno de sus siete años de vejez.


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