Al despertar(17)

Se sentó al borde de su cama, todavía estaba oscuro, amanecería dentro del poco.

Descalzos sus pies sintieron el frío suelo, unos pies que no delataban cuán lejos por este mundo le habían llevado.

Comenzó acariciándolos con ternura, deslizó sus manos por sus piernas, sus brazos, su vientre, sus pechos, y siguió palpándose con suavidad sus párpados, sus mejillas. Se dibujó los labios y, de pronto, una profunda tristeza la invadió, sintió que amaba tanto tanto a la mujer que era, que lloró porque un día tendría que morir.

Comenzaba un nuevo día, uno más, pero su melancolía no la abandonaba. Una inquietante angustia apesadumbraba su alma. Tampoco era algo extraño en ella, solía embargarle una desasosegante noción de impermanencia. Sin embargo, esta madrugada era diferente, una extraña sensación de vacío la perturbaba.

Se dió unos instantes más de reposo, luego se puso de pie y, aunque todavía algo taciturna, se encaminó hacia la puerta, cogió su bata y se envolvió en ella. Dejando sobre su almohada el despertar inquietante de su mortalidad.

Hizo hacia la cocina los mismos pasos de cada mañana, con su mente escondida detrás del alma. Preparó su café, esa ambrosia matinal capaz de devolver sus sentidos a la vida y hacerla olvidar que un día su cuerpo dejaría de existir y su ser volvería a la luz que la vio nacer.

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