Deja de llorar

Abandona por fin,
esas viejas pantuflas
que te hacen el caminar de una anciana.
Pesan y arrastran pesar,
búscalas más ligeras,
que resbalen alegría.
Y si lloras, al menos que sea de risa.
Apenas un lapsus,
una nube negra nubló tu mente
y todos tus fracasos,
en un pestañar,
desfilaron ante tus ojos:
un sepelio de tus tropiezos.
Me topé con unas acuarelas
entre viejos papeles,
y fue volver a vivir toda esa ilusión
que en ese momento en ellas puse.
Una puñalada del tiempo.
¿Cuanta ilusión se tiró por la borda?
¿Cuántas lágrimas inútiles?
Cuanto llanto para nada.
Crees que en algún lugar allí fuera
se recogen lágrimas?
¿Tu crees que van a parar a algún lugar?
Tristemente, creo que no.
A lo mejor, y tal vez,
el día que veamos pasar toda nuestra vida
ante nuestros ojos,
podremos verlo.
Visualizaremos nuestro desconsuelo.
¡Dios mío! cuánto hay de todo lo desconocido,
que solo intuimos,
que apenas percibimos,
¿hay alguna certeza?,
ninguna.
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