Entre sus manos (192)

Porque es la edad del atardecer
duele la felicidad pasada
y porque la piel no olvida
la suave caricia del amante,
los labios se agrietan
desiertos de besos.

En tu vacío regazo
unos brazos ya jubilados
abrazan ausencias que no volverán.

Y entre tus manos se oprime,
el adiós que se resiste.

Solo aquel que conoce
el pesar de una pérdida
sabe de piedad por el otro

Cuando la emoción te arrodille
bajo la vastedad del cielo,
hay un Dios que te contempla
y atesora tu vida
entre sus manos.

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