Desmorir (96)
Aquella poderosa energía celeste
siguióle con los ojos en silencio
y lloró al entrar en sus pensamientos.
De espaldas la vida
sus sueños traicionó
y frente a su realidad
de rodillas la postró.
La fría brisa hería su mirada
mientras las horas se resbalaban,
pudo oír al tiempo pasar
llevándose tan tan lejos
sus ganas de triunfar,
imposibles ya de alcanzar.
Como una tregua melancólica
el sol desde lo más alto
templó poco a poco su corazón
hasta apaciguar el temblor de su desmorir.
Se quedó mirando fijo al cielo
por un laaargo rato,
como si ese azul pudiese obrar el milagro
de volver a la vida
todo ese amor atesorado en el alma,
único equipaje para la próxima vida.
¿Qué hacer ahora con todo
ese amor que sobra,
que se nos queda en el regazo?
Vamos dejando miguitas de vida
por el camino:
vamos desmuriendo de a poquito.
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