Si nadie lo ve

Un hombre se desploma al morir,
los árboles se retuercen, se escoran a la deriva,
para morir de pie.

Levantaron vuelo cientos de aves y palomas
abandonando a la agónica encina
en lo más profundo del bosque,
acababa de morir erguida sin caer,
y envuelta por un silencio devocional.

La brisa y el viento se unieron abrazados,
y a su vez, se esparcia por el aire,
la perfumada estela de la flor de la encina.

Se sumaba, también al homenaje,
la bruma que habiendo descendido de los cielos,
cubría de velo verde
la copa de la fallecida encima.

Los ciclos de vida y muerte
de la naturaleza,
poco o nada tienen que ver
con los duelos humanos.

Bajo la corteza de la tierra,
en las honduras de todo éso,
las raíces, los hongos, semillas y vainas,
al compás natural de las cosas,
sigue su propio quehacer.

¡Pena de aquel petirrojo trinando y trinando!
gorjeos de adiós a la encina,
en medio de ese devocional silencio.

Si nadie lo vió,
si nadie lo oyó,
nunca pasó.

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