La luz dormida

Muy pocos saben que en noches estrelladas de luna,
haces de luz se cuelan a través de balcones y ventanas
arropándonos mientras dormimos
con su luminosa presencia,
ensortijándose entre nuestros cabellos,
acariciando nuestro cuello
y descansando sobre nuestro pecho…

Cómplice de su hechizo,
el oscuro silencio de la noche
vela nuestro sueño hasta el Sol de la mañana.

Por la mañana, nos levantamos,
ignorantes de la magia
que nuestro pecho acunó durante la noche.

Más tarde, a las horas,
nuestra consciencia nos avisa de lo inusual:
algo interior nos hace sentir especiales,
ligeros, inspirados, creativos…
sin ninguna razón especial para ello.

Hasta que de pronto, en algún momento del día,
hacemos algo muy muy bien, extraordinario
y solo entonces comprendemos,
de donde provino esa perfección,
inspiración divina podemos llamarla.







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