Sueños agridulces

Mientras el aburrimiento alarga mi insomnio,
voy a marear al sueño que tan esquivo me es
noche tras noche.

Por algún extraño misterio
los brazos de Morfeo no me quieren abrazar,
en cambio puedo tirarme las horas
dando vueltas y vueltas,
hundiendo mis emociones
en mi cómplice almohada.

He dado tantos tumbos de mi vida,
amé y desamé a tanta gente preciosa que ya no esta,
mas ahora la penumbra de la noche
dibuja sus amadas siluetas
si cierro mis ojos.

Y aunque éstas no son horas,
el insomnio es masoquista
trayendo a mi memoria
inolvidables momentos que todavía
duelen allí dentro.

Dí tantos pasos en falso
reaccionando con indolencia,
y hoy lo sé,
no debería haber movido
ni un solo dedo,
todo era un alea iacta est.

Pero la mente es libre
de ir y venir,
de dar vueltas y vueltas entre las sabanas
hasta vencerte por cansancio,
irrumpe de pronto el ángel del sueño
que lleva rato susurrándole al alma.

Descubro que el silencio de la noche
no solo rebobina mi pasado,
recordando esos desengaños
de aquellos días enamorados
en los que anduve muy perdida.

Esta noche, como otras
trae un poco más de lo mismo,
de todo aquello que el tiempo se llevó.

De madrugada
y ya harta de la cama y de mi misma,
oyes la vocecilla de una dulce doncella,
que te dice:
¡venga! ahora sé una buena chica,
y vamos a dormir.

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