Puerta cerrada


Cerraba la puerta y tras ella
se quedaba lo mejor de sus 35 años,
en aquel piso de Pozuelo.

Resulta tan inverosímil decir eso ahora,
que nada queda de todo aquello.

Recuerdos arrasados, enterrados
y más que sepultados.

Lo que fue una vida plena, rica, pletórica,
ahora es pasado.

Debiera existir un duendecillo dentro nuestro
que nos alertara y nos zarandeara cuando éso ocurre,
y nos dijera: ¡Espabila, aprovecha, disfruta, que se va la vida!

Mientras se vive y se esta inmerso
en esa especie de felicidad disfrazada de rutina,
no se es consciente de lo feliz que se es.

¿Cuándo llega el lamento?
cuando ya es tarde, cuando ya pasó.

De ahí esas pesarosas palabras:
no sabes lo feliz que eres, hasta cuando dejas de serlo,
o lo que es lo mismo,
mientras lo tienes, no lo sabes hasta que lo pierdes.

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