¿Qué hay después?

Cuán cierto es aquello de que
Dios juega a las escondidas con nosotros.
Esa mano mía que acaricia mi otra mano
en medio de mi soledad,
clamor despavorido de amor en la penumbra,
me conforma el sentimiento
de un Dios escondido
por ahí dentro de mi.
Si atrás me quedé,
si me he perdido
si me he caído,
tanto da,
la vida pasa de largo.
Se haya detenido para mi o no,
ésta, se fue sin apenas mirarme,
se esfumó como el humo.
Lo realmente sublime
es aquello que viene después de aquí.
El regreso a casa.
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