Amiga mía del alma

Ayer en el cine, tumbada en una butaca premiun
temblando como una hoja durante casi toda la película Un lugar en silencio,
echaba de menos a mi lado a esa amiga del alma que tuve.
Necesitaba compartir ese miedo, esos instantes de adrenalina
desbordada y de enervante suspenso,
sobre todo echaba de menos esa complicidad casi delictiva
entre amigas que se lo cuentan todo, siempre.
Confesiones desinhibidas y parloteo sin tapujos,
sin prejuicios, ni temor a ser juzgada.
Es una relación incomparable con ninguna otra,
aunque con tintes infantiles.
Es evidente que a medida que perdemos juventud y
ganamos madurez y el sentido común va tomando el control
de nuestra persona, ya nada parecido
a esa unión de almas amigas puede volver a darse
con tanta espontaneidad.
Con los años, seguramente haremos más y buenos amigos
por el camino, pero nunca se igualarán
a esas primeras entrañables y locas de nuestra adolescencia
La misma intensidad con la que se vive todo,
cuando nuestra vida apenas empieza,
no tiene ningún punto de comparación
con cualquier otra cosa que vivamos más tarde.
Es euforia juvenil en estado puro,
es una pena qué desapezca tan pronto,
cuando apenas llegaba el primer novio en escena.
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