Y se casó con otra (1)

Sentados a la mesa de un restaurante chino,
ella lloraba y lloraba su inmensa decepción amorosa
sobre el hombro de su único mejor amigo
y a quien el destino le tenía reservado en su vida,
como al que sería más tarde su marido
y padre de su única hija.

Mientras los demás comensales del restaurante
se preguntarían: el por qué de tanto llanto de esa chica.

Ni toda la imaginación de ese recinto
podría haber fantaseado que ella se acababa de enterar,
de que su gran amor oculto y para mayor desgracia, su jefe,
le acababa de comunicar que se casaba con otra
y se marchaba con ella de luna de miel.

Mas el hombro amigo que la consolaba,
también se guardaba dentro de sí,
profundos e inconfesables sentimientos hacia ella.
Pero no era ni el momento ni el lugar
para profesarlo.

¿Cómo podría él decirle que no llorara por ese hombre
que no la merecia.

Una vez enjugadas sus lágrimas,
su enamorado amigo le aconsejó
que también ella debería divertirse un poco,
y obsequiarse su propia luna de miel.

Le expuso tentadores planes de viaje,
y lugares de ensueño para visitar.
Necesitas conocer mundo, le dijo.
Ya verás lo bien que te sienta.
Volverás como nueva.

Se empleó a fondo las próximas semanas
organizándole un viaje de ensueño,
imposible de resistir; una primera parada
de una semana en Buenos Aires, Mar del Plata.
Luego 5 días en Montevideo, Punta del Este,
y como final de fiesta: 10 días entre Sao Paulo y Rio de Janeiro.

Muchos se preguntarán, por qué este amigo enamorado
no la acompañaba en este viaje,
pues porque este era un reputado diplomático
sujeto a estrictos compromisos impostergables.

No fue el dinero un impedimento,
ella tenía un buen sueldo y por último,
su amigo del alma,
sería su salvación en última instancia.

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