Escorial eterno (191)

Recorrí tus calles
arriba y abajo,
empedrado milenario
sobre faldas sacras
tu regio monasterio.

Murmullo lontano
de oraciones y ruegos
de rodillas suplicantes
entre tus muros duermen.

La brisa temprana
viene de tus bosques
brindando buenos días
a los amantes del andar la vida.

Fueron buenos tiempos aquellos
que por tus calles anduve.

Esos que mis ojos contemplaron
ávidos de esperanza en el porvenir.
Aquellos días cargados de ilusión
en la vida que entonces,
esperaba vivir.

Cada vez que silencio y retiro
clamaba mi alma,
hacia el dédalo encantado
de la Casita del Príncipe
mis pasos se encaminaron.

Fueron tus añosos cedros
mudos testigos de mis pensamientos
que reinaban en mis sueños de grandeza.

Mas hoy,
solo restos del pasado encontraría,
la obsolescencia de las cosas inertes
cada piedra de esas calles
cada recoveco de sus jardines
que en su día pisé,
lo que entonces me llenaba de regocijo
hoy, provocaría mi llanto.




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